El elegido que nadie eligió

En política, las coronaciones anticipadas casi siempre revelan algo. No hablan de consolidación. Hablan de urgencia. Y hoy en Tucumán hay un intento evidente de anticipar una definición que todavía no ocurrió.

Por Hernán Iramain* (Tribuna Abierta)

Quieren vender una coronación antes de que exista la corona. Mientras se instala la idea de que Lisandro Catalán ya sería el candidato natural de La Libertad Avanza en Tucumán para 2027, la discusión interna y la validación nacional siguen abiertas. Y en política, el liderazgo no se proclama: se valida.

En política, las coronaciones anticipadas casi siempre revelan algo.

No hablan de consolidación. Hablan de urgencia.

Y hoy en Tucumán hay un intento evidente de anticipar una definición que todavía no ocurrió.

En las últimas semanas se buscó instalar con insistencia que Lisandro Catalán no solo conduce La Libertad Avanza en la provincia, sino que además sería el candidato natural a la gobernación en 2027, con respaldo nacional asegurado. El mensaje se repite en entrevistas, declaraciones y replicaciones en redes: oposición real, liderazgo firme, acompañamiento desde arriba.

El problema es que la política no se ordena por repetición de mensajes. Se ordena por hechos.

Hasta el momento no existió una confirmación formal, explícita e inequívoca desde la conducción nacional que consagre a Catalán como candidato provincial. No hubo proclamación institucional. No hubo señal pública que cierre la discusión. Lo que existe es posicionamiento.

Y posicionarse no es lo mismo que estar validado.

En un partido joven como La Libertad Avanza, donde la estructura territorial todavía está en consolidación, la legitimidad no surge únicamente del discurso. Se construye sobre cohesión interna, reconocimiento orgánico y definición clara desde la conducción central. Hoy ninguno de esos elementos puede darse por completamente resuelto.

El segundo factor que impide clausurar el escenario es la disputa por la representación libertaria.

Mariano Campero ya manifestó su intención de competir por la gobernación. Y no es un actor menor. Su alineamiento con Patricia Bullrich —una de las figuras más influyentes del oficialismo nacional— introduce una variable que desarma cualquier proclamación anticipada: la representación libertaria en Tucumán no tiene dueño único.

Cuando un dirigente con vínculos nacionales y proyección propia plantea su aspiración, cualquier intento de presentar a Catalán como “el elegido” pierde consistencia. La exclusividad deja de ser un supuesto y pasa a ser una disputa política real.

Pero el punto más delicado no está solo afuera. Está adentro.

La Libertad Avanza en Tucumán no nació con la estructura actual. Fue construida por un grupo fundador que trabajó activamente en la afiliación y en la institucionalización del partido. Entre esos nombres aparece José Macome, uno de los iniciadores fundamentales del espacio en la provincia.

Las afiliaciones que hoy sostienen legalmente al partido surgieron de esa etapa fundacional. No de un armado reciente.

Parte de ese núcleo hoy ya no integra la conducción encabezada por Catalán.

Y eso tiene consecuencias políticas.

En la vida partidaria, quien aporta afiliación y estructura territorial tiene un capital orgánico real. Si sectores fundacionales consideran que el partido se desvió del espíritu original o que la conducción actual no los representa, la discusión puede trasladarse al plano estatutario.

Y allí aparece un escenario que no debería descartarse: una interna partidaria.

No como ruptura personal. No como enfrentamiento de nombres. Sino como mecanismo de validación.

Un liderazgo consolidado no teme una interna.

Un liderazgo que aún necesita afirmarse suele preferir evitarla.

Aquí se concentra el eje del debate: en Tucumán no se está discutiendo solo la gobernación. Se está discutiendo si Lisandro Catalán puede proclamarse líder sin haber pasado todavía por una validación política completa.

Esa es la discusión real.

La dimensión comunicacional también juega su papel. Es evidente que existe un ecosistema alineado que amplifica cada declaración de Catalán y refuerza la idea de liderazgo cerrado y respaldo asegurado. Eso puede generar clima. Lo que no garantiza es legitimidad orgánica.

Cuando la narrativa corre más rápido que la estructura, la política termina ordenando el tablero.

Y en La Libertad Avanza el tablero no se ordena exclusivamente desde la provincia. Las decisiones estratégicas responden a la conducción nacional. La validación final no es discursiva: es política.

Por eso intentar instalar que Catalán ya es el candidato elegido sin una señal formal desde la Casa Rosada constituye una apuesta de riesgo.

Si la conducción nacional habilita competencia interna, o si decide otro esquema de representación en Tucumán, la autoproclamación previa quedará expuesta. Y en un partido joven, una fractura temprana no es un detalle menor: es una herida estructural.

La política tiene una regla simple. Los liderazgos sólidos se construyen hacia adentro antes de proyectarse hacia afuera. Cuando el orden se invierte, la estructura se resiente.

Hoy hay aspirantes.

Hay disputa.

Hay sectores fundacionales que podrían reclamar validación.

Hay un competidor referenciado en Patricia Bullrich.

Y hay una conducción central que todavía no emitió una definición definitiva.

Lo que no hay —todavía— es un elegido formal.

Y si la Casa Rosada permite que en Tucumán se consolide la idea de que Lisandro Catalán ya es el candidato sin una validación política clara y sin resolver las tensiones internas, el riesgo no será solo provincial. Será institucional. Porque en un partido en formación, las fracturas tempranas no se diluyen: se profundizan.

La legitimidad no se instala por repetición.

La legitimidad se gana.

Y en Tucumán, esa discusión sigue abierta.

* Hernán Iramain es Abogado – Diplomado en Marketing Político y Campañas Electorales.

Las opiniones vertidas en Tribuna Abierta no necesariamente coinciden con las de El Federalista.

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