Cómo fue la fuga y captura de Felipe Sosa, sospechoso en el crimen de Erika Antonella Alvarez

En la madrugada de este viernes, 16 de enero, las fuerzas de seguridad dieron con el paradero de Felipe Sosa, de 51 años, tras casi una semana de intensa búsqueda que había puesto en vilo a Tucumán y también encendió alertas en Buenos Aires. Pero su captura fue horas después.

El drama comenzó días antes, cuando el 8 de enero, el cuerpo de Erika Antonella Álvarez fue encontrado brutalmente asesinada y dentro de una bolsa de residuos en un descampado del barrio Manantial Sur en San Miguel de Tucumán. La autopsia señaló una muerte violenta por múltiples golpes y lesiones en cuello y cabeza.

Según la reconstrucción de investigadores, la relación entre Erika y Sosa venía de tiempo atrás. Se conocían y habían tenido encuentros reiterados; la joven, de 25 años y estudiante, se movía en círculos con problemáticas de consumo que la vinculaban también con entornos complicados de fiestas y negocios, donde Sosa circulaba como una figura conocida.

La Justicia avanzó sobre el grupo que frecuentaba Érika y ordenó unos 30 allanamientos en el Gran San Miguel de Tucumán. Los indicios complicaron a Sosa. Aunque una primera medida fracasó porque el sospechoso ya no vivía en su domicilio declarado, el jueves se allanó su vivienda en Yerba Buena, donde se encontraron pruebas sólidas que lo vincularían con el crimen.

Al saberse identificado como principal sospechoso, el sospechoso dejó Tucumán la noche del martes 13 de enero, tomando una ruta hacia el centro del país. No lo hizo en cualquier vehículo: se movilizaba en una motocicleta KTM 1290 S —una moto de alta cilindrada y rendimiento, valuada en varios millones de pesos— que había sido recientemente adquirida.

La moto de la fuga, una Ktm 1290.
La moto de la fuga, una Ktm 1290.

La KTM atravesó rutas largas bajo la oscuridad, pasando por puntos cleramente identificables en los sistemas de seguimiento vehicular gracias a alertas y Anillo Digital de la Policía Federal. Las fuerzas federales rastrearon el ingreso del rodado a la provincia de Buenos Aires, pasando por la autopista Panamericana hacia el partido de Pilar.

Lo que marcó un punto de inflexión fue la compra de esa motocicleta: los detectives detectaron que Sosa la había pagado gran parte en efectivo, con origen no del todo claro, y luego de su desaparición la moto se transformó en la llave para seguir sus pasos. La motocicleta aún se encuentra a nombre del anterior dueño.

Ya en Pilar, provincia de Buenos Aires, la moto fue ubicada estacionada frente a un hotel en la zona de Fátima, donde quedó a la vista de las cámaras y de los movimientos policiales. La División Búsqueda de Prófugos de la Policía Federal Argentina, con apoyo de la Policía Bonaerense, montó vigilancia en el lugar.

El prófugo se había acercado hasta allí dado que un hermano suyo vive en un barrio privado del municipio bonaerense. Finalmente la moto fue encontrada en los jardines del llamado “Hotel Green”, en donde la policía montó un operativo de vigilancia hasta que logró dar con el sospechoso cuando intentaba abandonar el lugar.

Sosa lucía mucho más flaco que en la foto de su currículum, en la página web de la empresa de Seguridad.
Sosa lucía mucho más flaco que en la foto de su currículum, en la página web de la empresa de Seguridad.

Tras varias horas de observación, los agentes notaron a un hombre con características similares a Sosa intentando retirarse del hotel. Caminaba con ropa distinta, llevaba su pasaporte, y pretendía aparentemente salir de la zona sin llamar la atención. En ese instante, fue intervenido sin resistencia alguna y puesto bajo custodia.

No hubo tiroteo ni confrontación violenta. La captura fue prácticamente silenciosa y eficaz: lo detuvieron la noche del viernes 16 de enero, cuatro días después del hallazgo del cuerpo de Erika.

Además de la propia motocicleta KTM 1290 S, en el operativo se incautaron su teléfono celular y prendas que serán peritadas para conectar sus movimientos con el momento del crimen o la planeación de la fuga.

Sosa fue alojado inicialmente en una alcaidía de la Policía Federal en Buenos Aires, donde permanecerá mientras se llevan adelante los trámites para su traslado a Tucumán y la audiencia de imputación por el femicidio.

Felipe Sosa, el militar sospechado por el crimen, en la foto de su currículum.
Felipe Sosa, el militar sospechado por el crimen, en la foto de su currículum.

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