¿Documento definitivo? La verdadera nacionalidad de Carlos Gardel por fin revelada

A nueve décadas de su desaparición física, Carlos Gardel continúa siendo una figura central en la cultura musical del Río de la Plata y a nivel global, aunque también es fuente de algunos debates. Uno de los más recurrentes gira en torno a su origen nacional. Si bien es indiscutible que transcurrió su niñez, adolescencia y gran parte de su vida en Argentina, tanto Uruguay como Francia han reclamado en distintos momentos el mérito de haberlo visto nacer en su territorio. En los últimos días, salió a la luz un papel que, según algunos, podría zanjar definitivamente esta antigua discusión.

La Comisión Gardel Rioplatense, integrada por estudiosos y promotores culturales de Argentina y Uruguay, concretó en noviembre del año pasado este descubrimiento, que fue revelado recién este jueves por el semanario Búsqueda: el 8 de octubre de 1920, el más célebre intérprete de tango del planeta gestionó un certificado que acredita su fecha y sitio de nacimiento.

La partida, que corresponde al folio 907 de un antiguo libro del Consulado Uruguayo en Buenos Aires, confirmaría que Gardel vino al mundo en Tacuarembó, Uruguay, un 11 de diciembre de 1887. En ese papel, gestionado por el artista cuando tenía 32 años, se consigna además que era hijo de Carlos y María Gardel, también orientales, que su oficio era el de artista y que su estado civil era soltero.

Este comprobante servía, de forma provisoria, como un sustituto de la partida de nacimiento, y con él habría podido gestionar posteriormente su ciudadanía argentina.

De acuerdo con la información difundida, el documento habría sido localizado por una escribana uruguaya en el Consulado de su país en la capital argentina, y se prevé que sea analizado con una serie de peritajes para confirmar su autenticidad.

La polémica sobre el origen del creador de temas como «Volver» y «Por una cabeza» es tan longeva como su propia leyenda. En 1930, durante la primera final mundialista de fútbol, Uruguay y Argentina se enfrentaban y cada equipo debía contar con un artista que lo alentara. Sin embargo, solo hubo uno: él. Ante la consulta de la prensa sobre por cuál de los dos combinados simpatizaba, su respuesta fue: «Tengo mi corazoncito dividido«.

Walter Santoro, al frente de la Fundación Internacional Carlos Gardel, que custodia casi la totalidad del legado del «Morocho del Abasto», tiene una perspectiva clara sobre esta disputa: al artista no le interesaba responder preguntas sobre sus primeros años ni ninguna otra que pudiera generar división entre su público. «Siempre decía que no había que dividir, sino multiplicar. No se conoce su religión, ni su equipo de fútbol, ni su preferencia política. Él comprendía que todo eso separaba», explicó el experto en una entrevista anterior con LA NACION.

La hipótesis de su nacimiento en Uruguay tomó fuerza a partir de 1920, cuando fue convocado para una temporada teatral en España. Según ciertas indagaciones, el cantante no podía obtener su pasaporte porque en su certificado de buena conducta figuraban algunos antecedentes penales. Apoyándose en una normativa vigente en la época, se presentó en el consulado uruguayo acompañado por dos testigos que declararon que había nacido en Tacuarembó. De allí la relevancia que podría tener el reciente hallazgo de ese papel.

De cualquier manera, y como bien señala Santoro, Gardel no quería generar fracturas. Al respecto, subraya: «Es inteligente la respuesta que dio en el Mundial de 1930. Él sabía que cualquier cosa que dividiera no le convenía ni le sumaba en su trayectoria. Y por eso no tiene detractores. Podrá gustarte o no, pero no encontrarás a nadie que lo deteste».

«Todos los países desean apropiarse de lo que triunfa, de lo que tiene éxito. Por eso, hoy existen fanáticos nacionalistas a los que solo les interesa reclamar a Gardel por una cuestión de nacionalismo. Lo que sí sabemos es que uno elige dónde vivir, pero no dónde nacer», señaló el especialista.

Y enfatizó: «Cuando quiso expresar a qué lugar pertenecía, dijo a Buenos Aires«. Gardel manifestó que «se hizo, se construyó y quería morir» allí porque fue la ciudad en la que decidió residir, a la que amó, a la que le dedicó sus canciones y en la que deseaba pasar sus últimos días.

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