El juez Augusto José Paz Almonacid resolvió hoy el sobreseimiento definitivo de los cuatro jugadores imputados y dispuso remitir las actuaciones a la Justicia Federal para investigar una posible trata de personas. En su decisión, el magistrado descartó la existencia de abuso sexual y sostuvo que la evidencia reunida —mensajes digitales, testimonios y registros objetivos— no sólo no acreditó violencia alguna, sino que reveló un proceso posterior de direccionamiento y condicionamiento de la denunciante. En paralelo, empleados del hotel declararon sobre ingresos atípicos, ausencia de pedidos de auxilio y normalidad operativa, reforzando la reconstrucción fáctica que terminó por derrumbar la acusación original.
La causa que durante meses mantuvo bajo acusación a cuatro futbolistas se desmoronó por evidencia concreta: mensajes recuperados por pericias UFED oficiales y declaraciones testimoniales coincidentes, que permitieron reconstruir con precisión lo ocurrido antes, durante y después de la noche denunciada.
Declaraciones del hotel: ingreso atípico, ninguna alerta y normalidad
El jefe de seguridad del hotel declaró que la denunciante no ingresó por recepción y utilizó un sector sin cámaras, aclarando que “esa forma de ingresar no es lo normal, no es lo habitual”. El personal afirmó que no se registraron pedidos de auxilio, alertas, ruidos ni intervenciones durante la noche. No hubo llamados a seguridad ni activación de protocolos. La operatoria del hotel continuó con normalidad.
La intención previa
Horas antes del encuentro, la denunciante escribió:
“No, la verdad que estas cosas las hago sola, me manejo con mucha cautela. Y estamos casi todas en pareja”.
El mensaje fue enviado en respuesta a una consulta sobre si concurriría acompañada. En el mismo intercambio se le informó que en el lugar habría “tres o cuatro compañeros, no más”.
Días después, en conversación con una amiga, escribió:
“Me iba a hacer un jugador de Vélez”.
Consultada judicialmente sobre el significado, la testigo respondió que, para ella, implicaba “chapar o tener sexo, capaz”.
Preparativos y traslado
Antes de ingresar al hotel, uno de los imputados transfirió dinero para bebidas. Un conductor de aplicaciones declaró que al finalizar el viaje la denunciante abrió su mochila y se le cayó “una caja de preservativos de color negro”. Explicó que ella le comentó que llevaba preservativos habitualmente.
Otra testigo declaró que “en general, ella lleva preservativos cuando se ve con alguien”. Una tercera precisó que “ella sacó el preservativo de su mochila” durante el encuentro.
El ingreso y la comunicación desde la habitación
Tras ingresar por un sector no habitual, desde la habitación la denunciante escribió:
“Adiviná dónde estoy. Con los de Vélez, sola”.
Durante el encuentro
En Cámara Gesell, la propia denunciante declaró:
“Yo le decía que no me meta el dedo por la cola”.
No denunció penetración anal ni otro acto distinto. Ese límite fue respetado. La preocupación posterior que expresó fue si uno de los participantes “había usado preservativo”.
Respecto de uno de los imputados, fue categórica:
“Sebastián Sosa estaba dormido, él a mí no me tocó”.
Y ratificó: “Sí, lo vi dormido en la otra cama”.
El imputado declaró que estaba “poniendo música y mandando mensajes a mi señora”, extremo corroborado por registros de su teléfono.
Los mensajes posteriores a la noche del 2 de marzo
En audiencias recientes, las defensas incorporaron mensajes enviados después del encuentro, en los que no aparece ninguna referencia a violación, violencia ni sometimiento.
Uno de los intercambios más relevantes es el que una amiga de la denunciante —identificada en el expediente con siglas— mantiene con otra integrante del grupo, y que fue leído en audiencia:
“No la violaron. Ella estaba mal por otras cosas.”
Ese mensaje fue citado por las defensas como manifestación espontánea, previa a cualquier intervención judicial o mediática, y forma parte del material peritado oficialmente.
En otro intercambio, también incorporado por UFED, una amiga le escribe a otra:
“Ella se enganchó con los jugadores y después se le fue todo de las manos.”
Según se explicó en audiencia, estos mensajes no fueron producidos por presión policial ni por la defensa, sino recuperados del historial original de los teléfonos incautados.
El cambio de relato y la intervención de la abogada
Con el correr de los días, los mensajes comienzan a mostrar un giro discursivo. En un chat posterior, la propia denunciante (L.P.) le escribe a una amiga:
“La abogada me dijo que esto no estuvo bien, que yo no me daba cuenta.”
Ese pasaje fue leído textualmente en audiencia y citado por defensores para demostrar que la resignificación del hecho no fue inmediata, sino posterior y mediada por asesoramiento legal.
En otro mensaje, también incorporado al expediente, L.P. expresa:
“Me hicieron ver que yo había sido abusada.”
Las defensas sostuvieron que este tipo de frases son centrales para la hipótesis de manipulación del relato, ya que no describen un recuerdo reprimido, sino una construcción posterior inducida.
El reconocimiento de la falta de autonomía
Uno de los elementos que motivó el pase a la Justicia Federal fue un mensaje en el que la denunciante admite una situación de dependencia o imposibilidad de decisión, texto que el propio juez mencionó al fundamentar la remisión:
“No puedo salir de esta situación.”
Ese mensaje —según se explicó en audiencia— no refiere a los jugadores, sino al contexto posterior, cuando la causa ya estaba en marcha.
El rol de las amigas y la contradicción interna
También se incorporaron chats entre amigas de la denunciante, donde se evidencia desacuerdo interno sobre la denuncia. En uno de ellos, una de ellas escribe:
“Esto no fue una violación.”
En otro intercambio posterior:
“Se está yendo muy lejos con esto.”
Las defensas destacaron que ninguna de estas personas fue denunciada por falso testimonio, pero que sus propios mensajes desarman la versión acusatoria inicial.
Los mensajes que comprometen a la abogada
Las pericias UFED incorporaron conversaciones donde la abogada aparece como eje de decisiones y del discurso. En audiencia, al intentar anular esas pericias, un abogado de la querella se quejó de que los peritos transcribieran mensajes con palabras como “abogada” y “Caja Popular”, y afirmó:
“Cada vez que aparece abogada, aparece Carlos… siempre algo estereotipado o sesgado en contra de una causa armada”.
La frase quedó asentada en actas, no sólo por el contenido sino por introducir, en audiencia pública, la expresión “causa armada”.
Coherencia de los relatos y evidencia objetiva
Los relatos de los imputados coincidieron con los mensajes recuperados. Uno declaró:
“Nos empezamos a besar, a acariciar… me pidió que me ponga el preservativo, me dijo que ella tenía, sacó una cajita oscura y empezamos a tener relaciones”.
Agregó un detalle íntimo considerado verosímil:
“No fue tan largo porque acabé muy rápido… ella se rió”.
No hubo contradicciones relevantes entre testimonios y evidencia digital. Las contradicciones surgieron al comparar los mensajes originales con la versión posterior de la denuncia.
El resultado judicial
Con este conjunto probatorio, el tribunal descartó el abuso sexual, sobreseyó a los acusados y derivó la investigación al fuero federal para analizar si lo ocurrido después —captación, condicionamiento, borrado u ocultamiento de mensajes— encuadra en trata de personas.
Las pericias UFED no interpretaron: recuperaron lo escrito. Los testigos no opinaron: declararon lo visto y oído. Y los empleados del hotel no registraron anomalías. Con esa base, la causa cambió de eje: ya no se investiga lo que ocurrió esa noche, sino cómo se construyó una acusación que no resistió el contraste con la prueba.
