La difusión de una noticia sobre un supuesto intento de suicidio de la joven periodista que denunció a jugadores de Vélez expuso una pregunta incómoda pero inevitable: ¿cuánta seriedad y rigor conserva hoy la prensa nacional cuando informa sobre causas judiciales sensibles? Dos de los medios más importantes del país, Perfil y La Nación, reprodujeron una versión que tuvo un único origen comprobable: un tuit del operador mediático Pablo Carrozza, hoy severamente cuestionado por su rol en el armado y la amplificación del relato cisnerista.
El episodio no es menor. No se trató de un rumor marginal ni de una publicación en redes sin alcance. La versión fue instalada por Carrozza en X y, a partir de allí, levantada por Perfil con mención expresa de la información y replicada por La Nación sin consignar fuente, otorgándole un barniz de legitimidad nacional a un dato que no estaba confirmado judicialmente y que luego quedó desmentido por la propia evidencia incorporada al expediente.
El problema no es sólo el error. Es la cadena de responsabilidades.
El origen: un tuit como “fuente”
La información sobre el supuesto intento de suicidio no surgió de un parte médico, de un comunicado judicial ni de fuentes oficiales. Surgió de un tuit de Pablo Carrozza, el mismo comunicador que desde el inicio del Caso Vélez anticipó condenas, exigió sanciones deportivas inmediatas y difundió datos privados sin respaldo documental.
Ese mismo Carrozza aparece mencionado en mensajes privados peritados judicialmente, visitando a la denunciante y a su familia en Tucumán y siendo señalado por ella como parte de quienes “operaban” para sostener el relato. En un chat incorporado al expediente, la joven escribió: “Me da cosa preguntar y que se enteren todos que opera para mí”. Esa frase no fue pronunciada en televisión ni en una entrevista: es un mensaje privado, recuperado por peritos oficiales.
Ese es el perfil del “informante” que dio origen a la noticia.
Perfil: reproducción con nombre y apellido
El sitio web Perfil publicó la información del supuesto intento de suicidio citando el dato y dándole entidad periodística. Al hacerlo, no verificó con fuentes judiciales ni médicas, ni advirtió al lector sobre el carácter no confirmado de la versión. El resultado fue claro: una noticia de alto impacto emocional, amplificada a nivel nacional, basada en una fuente única y manifiestamente interesada.
La publicación contribuyó a reinstalar un clima de conmoción justo cuando el expediente comenzaba a mostrar, a través de pericias técnicas, contradicciones severas en el relato original y mensajes que hablaban de resignificación posterior y obediencia a órdenes.
Más grave aún fue el proceder de La Nación, que replicó la información sin consignar fuente alguna. Al omitir el origen, el diario más influyente del país presentó el dato como si se tratara de información corroborada por su propia redacción o por fuentes independientes.
Este episodio deja al descubierto la falta de rigor periodístico de la prensa nacional cuando se trata de causas sensibles en el interior del país, como si la tecnología no hubiera logrado cerrar la brecha entre el interior y CABA. Y así como cualquier periodista sabe cuál es la diferencia entre una publicación en un medio nacional y uno local, también lo sabe el diputado Carlos Cisneros, o sus operadores.
La operación que fue confirmada por la UFED
Pablo Carrozza —periodista deportivo, youtuber con más de 217.000 seguidores e integrante de la “tribuna mediática” que operó desde el primer día en la causa Vélez— se consolidó como representante de lo peor del periodismo operador ensobrado.
La prueba más contundente proviene de las pericias UFED sobre los celulares de los implicados en la falsa denuncia. En esos chats aparece, de manera explícita, la participación directa de Carrozza en la estrategia mediática vinculada a la denunciante. El 10 de mayo de 2024, ocho meses antes de que colapsara la querella cisnerista en audiencia, L.P. y su amigo Santiago Sheriff intercambiaron estos mensajes:
“No sé qué voy a hacer yo porque vino Carrozza.”
—L. P. a Santiago Sheriff, WhatsApp 10/05/2024, 08:58
La sorpresa no es esa sola línea. El propio diálogo confirma que Carrozza no estaba cubriendo periodismo, sino que estaba en Tucumán “a verme y a conocer a mi familia”:
“Y no, pero vino a verme a mí y a conocer mi flia.”
—L.P., WhatsApp 10/05/2024, 09:00
Pero lo peor aún estaba por revelarse. Cuando Sheriff le sugirió que consulte con sus amigas si podía llevar a Carrozza al cumpleaños, Lourdes no lo negó porque fuera una visita social… sino porque no quería que se supiera que tenía “operadores” trabajando para ella:
“Me da cosa preguntar y que se enteren todos que opera para mí.”
—L.P., WhatsApp 10/05/2024, 09:04
Esa frase es demoledora. No sólo reconoce que existían “operadores” detrás del relato de la denunciante, sino que Carrozza era considerado parte de ese operativo, al punto de que su presencia debía ser reservada para ciertos niveles de la estructura. El operador nacional era distinto —“de nivel superior”— al operador local que coordinaba la difusión y el guion.
Y lo cierto es que esa coordinación fue concreta, no casual. Carrozza, socio del Club Atlético Vélez Sarsfield (el mismo club de los cuatro jugadores golpeados judicial y mediáticamente por la causa que hoy se cae), fue de los primeros en instalar el relato de presunta violación en medios nacionales, incluso antes de que hubiera prueba alguna ni audiencia que determinara siquiera el estado probatorio inicial.
Las publicaciones de Carrozza fueron absolutamente tajantes:
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8 de marzo de 2024 —dos días después de la denuncia— publicó exigencias contra los jugadores:
“Se cagaron en la camiseta.”
“Vélez debe rescindirle el contrato a los cuatro futbolistas.”
“¿Es normal meter mujeres en una concentración?”
—Pablo Carrozza, posteos 08/03/2024 -
29 de abril de 2024 —once días antes de viajar a Tucumán— aseguró que los jugadores “van a terminar presos” y que existían “más de 30 pruebas” en su contra, basándose en un expediente que ni leyó realmente (según lo que hoy se sabe por las pericias).
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30 de septiembre de 2025, Carrozza fue el primero en difundir el supuesto intento de suicidio de la denunciante, citando información privilegiada sobre conversaciones familiares que, más tarde, se supo que no eran públicas ni judiciales, sino parte de la evidencia privada de la causa.
Hoy, los hinchas del propio club al que Carrozza dice representar lo han destrozado en redes sociales:
“Che @pablocarrozza gordito secanucas, vas a pedir perdón? Ensuciaste el nombre del club por nada, ensobrado patético.”
“Otra mentira que se le cayó a @pablocarrozza… ¿Será que te investigan a vos también?”
El cinismo del personaje terminó de quedar expuesto en un cruce público en la red social X con el periodista tucumano @desalienado, a quien Carrozza insultó tildándolo de “operador”. El agravio pretendía descalificar la tarea periodística, pero terminó funcionando como una confesión involuntaria. Porque si algo demuestran los mensajes incorporados al expediente es que el único operador probado en esta historia es el propio Carrozza (ver abajo).


